5 de abril de 2017

Ese bar


Ahora mismo, hay una persona con el corazón roto frente la barra de un bar. ¡Pobre iluso! Se creyó el cuento de beber para olvidar. Y es cuando se pregunta si perdería la vergüenza Despistados en el mismo bar donde estaba clavado Maná. Y se pregunta si será el mismo que en el que está bebiendo él.


Echa de menos los tocadiscos en un rincón del local, al más puro estilo Grease. También echa de menos la música en directo dentro de un bar, sin haberlo experimentado nunca. Pero se lo imagina. Y, sobre todo, se imagina que ella no se ha ido.

(Mía y Sebastian, La la land. 2016)
 
Le gustaría creer que ella no se ha cansado de él y de sus tonterías. Sin embargo, no es verdad. Fue lista. Fue valiente y combativa. Se marchó porque se cansó de luchar por los dos. No se creyó que su amor valiese tan poco.

Ella lo quiso, con sus veranos y sus inviernos, con sus más y sus menos, con sus manías y sus encantos. Aprendió a amar la música como lo hacía él. Ella le enseñó a apasionarse por las letras, por sus libros con frases subrayadas y anotaciones por todos los lados.

Pero a veces es mejor separados. Él no supo valorarla cuando estaba y ahora es tarde.

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