22 de enero de 2017

Juventud autogestionada: La Maranya

En los últimos años, muchos son los ayuntamientos que han abierto Casas de Juventud. Estas casas se ubican en edificios públicos con el objetivo de fomentar la reunión, el asociacionismo y  la producción cultural de los más jóvenes a la vez que ayudar en su formación mediante la realización de actividades y cursos.

La Maranya es una asociación destinada a la reunión y el tiempo libre en el pueblo de Benicàssim (Castellón) y, que parte de unos ideales reivindicativos y críticos con el mundo. El único precedente a esta agrupación fue la asociación Quelcom, hace 20 años. Desde este grupo se intenta transmitir una serie de valores a las personas que participan con ellos y, sobre todo, dedican su tiempo libre a realizar alguna de las actividades que desde allí se ofertan. Algunos de estos valores son la solidaridad, la laicidad y el respeto entre las personas independientemente de sus creencias.

Su organización tiene un funcionamiento democrático, puesto que dicen ser conscientes de que se trata de un sistema que tiene algunos defectos, pero es «la única herramienta que permite organizar la sociedad», tal y como ellos dicen. Mediante el método democrático reclaman participar de manera activa en la vida política y social de su pueblo. De este modo, se definen como un espacio de contrapoder frente la hegemonía social, ya que invitan al espacio de reunión y de crítica con el objetivo de contribuir a mejorar la sociedad. Además, se trata de un grupo independiente y autogestionado, que vive de las aportaciones que realizan sus 110 socios y que ha ido sumando gente a la iniciativa de la que Víctor Escoín, Virginia Morales y Esther Tàrrega fueron los principales impulsores. A día de hoy cuenta con personas como Noel Tomás, presidente de la Junta Directiva del centro, o Aitana Coderch, secretaria, entre ellos: padres, profesores y niños.

La Maranya de Benicàssim, antes de ser una asociación independiente y autogestionada, consistía en un conjunto de diferentes grupos estables que convivían en un espacio cultural, el Casal Jove del municipio, financiado por el Ayuntamiento y desde el que se hacían diferentes iniciativas destinadas a la promoción de la cultura y al tiempo libre, siempre con un sentido crítico (esencia que se ha mantenido con el nuevo grupo). Este espacio, según afirma Noel Tomás, un joven que dedica su tiempo a la asociación, estaba dirigido por la concejalía de juventud, que contemplaba el espacio de formación, así como el centro juvenil.  Además, contaba con otro espacio asociativo que disponía de tres salas, que algunos de los grupos que pertenecían al casal utilizaban como almacén para guardar el material que usaban en las actividades, en especial Esplai Cataflai y Estem Vius.

Estos grupos eran: 4 gats, un grupo juvenil de ocio nocturno que pretendía ofrecer una alternativa de actividades saludable en un horario de tarde-noche para los jóvenes. Otro grupo era Esplai cataflai, una congregación centrada en ejercicios para niños y niñas de edades de 6 a 11 años que orientaba las actividades con valores, llevadas a cabo por monitores voluntarios todos los sábados por la mañana y que, hoy en día sigue activo. Por último, el grupo teatral Estem vius, que desde la interpretación dramática buscaba denunciar injusticias a través del teatro y siempre con ese contrapunto al sistema establecido que promueve el grupo.

Sin embargo, como todo grupo de contrapoder, ha tenido algunos problemas con el sistema hegemónico, a pesar de defender los valores asociacionistas de justicia social, conciencia crítica, libertad, defensa de la cultura y participación ciudadana activa en la sociedad, a la llegada de la nueva alcaldía de Benicàssim en 2011, este conglomerado de agrupaciones empezó a tener problemas con el consistorio.

En ese año, se celebraron en España unas elecciones autonómicas y locales. En Benicàssim los resultados fueron favorables para el Partido Popular que, con 4281 votos, logró disponer de nueve concejales en el Ayuntamiento del pueblo castellonense y con ello, una mayoría absoluta frente a los ocho concejales que sumaron entre el resto de partidos que se presentaron a las elecciones (cinco para los socialistas, dos para EUPV y uno para Bloc).

Junto con este contexto de cambio de alcaldía, se promovió desde el Casal una nueva actividad de la que Estem vius era principal impulsor, se trataba de La Flama, lo que iba a ser el primer festival de música en catalán en Benicàssim para jóvenes, organizado y financiado por ellos mismos, pero independiente al Casal. El objetivo de este festival era mucho más trascendente que la música, pretendía ser un punto de encuentro para el arte, la crítica, las asociaciones y la gente que tenía ganas de moverse y hacer actividades. También estaba destinado a la pluralidad, especialmente lingüística con un componente de defensa de la lengua valenciana.

El festival La Flama, no fue sino el punto de inflexión, puesto que para su realización se decidió crear una asociación jurídica, para evitar problemas legales y facilitar el proceso de creación. Una vez constituidos como asociación, no pudieron montar el festival en un espacio abierto sino que tuvieron que restringirse a realizarlo en un local cerrado y privado, según afirma el voluntario de la casa de juventud. Al cumplir todos los requisitos de documentación de la entidad y el proyecto, el Ayuntamiento cortó el proyecto. La propuesta estaba planteada antes del cambio de alcaldía, de hecho estaba todo preparado para su ejecución, pero con el cambio de gobierno, se argumentó: «el programa de actividades del Ayuntamiento no se ajusta a la memoria de actividades que presenta el proyecto».

Con la llegada de la nueva alcaldía a Benicàssim, fueron muchos los ejemplos de censura que recibieron los grupos de La Maranya. Cada vez la comunidad Estem vius se veía más solo en el Casal con respecto a las relaciones con el Ayuntamiento y decidieron aprovechar las buenas relaciones que tenían con el resto de asociaciones estables, entre ellos 4 gats.

Una de las grandes actividades que realizó este grupo fue alabada por algunos concejales del Partido Popular, pero cuando este grupo se unió a La Maranya y empezó a colaborar con el grupo Estem vius, se cambió la normativa de Reglamento de Uso del “Casal Jove” de 2012 y al grupo se le prohibió realizar actividades nocturnas, por lo que el equipo de ocio carecía de su componente esencial: realizar actividades de noche.

Se fueron cortando las alas a los colectivos que pertenecían a la asociación, hasta el punto en el que era imposible realizar tareas dentro de la Casa de juventud, especialmente el grupo teatral. A partir de estos sucesos se creó La Maranya como asociación y entidad, que recogió a todos los jóvenes y agrupaciones estables que estaban dentro del casal de juventud, uniéndose a ellos madres y padres de los jóvenes conscientes de la censura que estaban recibiendo sus hijos.

Sin embargo, tal y como afirma el antiguo miembro de 4 gats, Noel Tomás, visto con perspectiva, la normativa que empleaba el Ayuntamiento de Benicàssim tenía su lógica, pero no les respaldaba en el ejercicio de sus actividades. Algunas de estas medidas fueron: el impedimento de venta de alimentos en el espacio de juventud, la prohibición de colgar carteles en la fachada del Casal, la prohibición a la realización de propuestas nocturnas, el hecho de no poder utilizar los espacios asociativos para guardar material -tal y como hacían- puesto que estaban dedicados a la asociación de grupos, pese a estar vacíos. Además, para trabajar o acudir allí fuera del horario era necesario pedir las llaves y el permiso con mucha antelación, algo que no permitía flexibilidad a los jóvenes a la hora de realizar sus iniciativas, ya que como manifiesta Noel Tomás, el espíritu de las casas de juventud es no planear las cosas y tener libertad para «hacer y deshacer».

Ante estas presiones y la asfixia decidieron los que habían formado el aglomerado de La Maranya convertirse en una casa de juventud emancipado del Ayuntamiento y trasladaron su centro a otros dos locales unidos en los que siguen funcionando y continuando la esencia de los colectivos previos a la formación del gran aglomerado.

Desde el momento en el que se decidió constituir La Maranya como una asociación de juventud autogestionada, fue necesario buscar un local en el que establecer sus actividades, en poco más de un mes, ya disponían de dos casas situadas en la plaza de los Dolores de Benicàssim y que habían sido pubs anteriormente. Con un alquiler de 400 € mensuales, iniciaron ellos mismos un proceso de reforma, puesto que las condiciones del espacio no eran las mejores, que ha durado cuatro años y que ha concluido este año con el cubrimiento completo del tejado donde había un agujero grande. «Esto se decidió con muchas asambleas con todos los miembros y al final, cada uno daba algo de sí: los que podían ayudaban en el local con fontanería, pintura, acondicionamiento, etc. y los que no, ponían dinero», afirma Marta Rodríguez, antigua participante del Esplai Cataflai.

Para poder llevar el proyecto a cabo y poder financiar un nuevo espacio en el que realizar las actividades y establecerse como corporación realizaron un Vercami (crowdfunding). Junto a esta ayuda económica, también es necesaria la implicación de todos los socios e incluso de los padres de algunos niños que acudían al Esplai, por lo que gran parte del pueblo colaboró conjuntamente en el nacimiento del nuevo proyecto.

En este espacio es donde realizan a día de hoy su ejercicio. Los beneficios son claros, dice Noel, puesto que ahora tienen más libertad para llevar a cabo diferentes propuestas y se trata de un espacio flexible y además, la consecución de esa libertad es uno de los objetivos que llevó a iniciar el proyecto. Además, han podido crecer como asociación y cuentan con gente motivada para hacerlo.

Posteriormente, La Maranya pasó a formar parte de una federación de casas de juventud que actúa en Castellón, Valencia y Alicante, pero ellos son los únicos que se declaran independientes. Para garantizar su funcionamiento, es necesario el cobro de una cuota a los socios que puede variar en función de la edad, aunque también acuden a subvenciones e incluso, realizan ellos mismos proyectos para poder obtener ingresos, por ejemplo, el pasaje del terror que organizan cada Halloween. Su relación con el Ayuntamiento actualmente es inexistente. Una vez declarados emancipados, acudieron a plenos que se celebraron para tratar de demostrar su descontento, pero a día de hoy cada organismo actúa por su cuenta. Además, el funcionamiento interno de La Maranya también ha seguido evolucionando, puesto que dos de sus grupos fundadores -Estem Vius y 4 gats- se disolvieron, a pesar de que se han creado nuevos, como un equipo de animadores de tiempo libre y otro de juegos de rol.

El presidente de la Junta Directiva, Noel Tomás, recuerda que los requisitos indispensables para formar parte de esta asociación es estar de acuerdo con su manifiesto de valores, que se resume en el respeto a los Derechos Humanos. Desde esta posición, todos tienen cabida, puesto que el único requisito para crear un grupo estable dentro es la motivación de hacerlo. Incluso hay grupos externos que utilizan el espacio que cede La Maranya para poder realizar sus ideas.

Sin embargo, este reportaje solo muestra una cara de la moneda, puesto que tanto el Ayuntamiento de Benicàssim como el Casal Jove de Benicàssim se han negado a participar en su realización o han evitado responder a nuestras preguntas. No obstante, hay veces que los silencios pueden decir más que cualquier reunión, llamada telefónica o correo electrónico.


Los autores de este reportaje son Lydia Ferrando Ramos, Carlota Martel Cros, Cintia Martí Reig, Helena Roca Cinto, Víctor Sarrión Llau y Mónica Serrano Menero. Alumnos de periodismo en la Universidad Jaume I.

No hay comentarios:

Publicar un comentario